Mi primer salto

Mi primer salgo

Mi primer salto

En septiembre del 2008, en plena crisis económica, cuando tenía un trabajo estable y bien remunerado como programador informático, salté. Como dice mi amigo Álvaro Neil, “salté sin red”, pero estaba tan convencido de lo que hacía que no me fijé si había red o no. Los únicos que no veían agua en la piscina eran prácticamente el 95% de las personas de mi entorno, aunque eso poco importa cuando tu intuición es tan fuerte.

Hoy, después de doce años, puedo decir que fue la mejor decisión de mi vida. Tras esa experiencia, en los próximos años, volví a saltar dos veces más y también fue bien, yo diría que mejor. El resultado es que me he convertido en un saltador profesional. Y si tú quieres saltar, también puedes hacerlo. Como todo en la vida es sólo cuestión de tenerlo claro, creer y actuar. Primero aprendes a saltar desde la orilla de la piscina, luego desde el trampolín de tres metros, hasta que llega un momento que la altura no es problema, si te ves capacitado y preparado para ello.

Aquel salto consistió en una vuelta a España en bicicleta que cambió el rumbo de mi vida. El mismo día de la salida llegaba muy cansado a un pueblito de la Costa Brava en España, llamado Roses. Me senté en una piedra de granito, en uno de los salientes de la playa que daba al mar y observando el atardecer, sonreí. Es imposible describir la felicidad que sentía en aquel instante, ni siquiera las palabras de mi diario fueron tan precisas. Fue entonces cuando una vocecita dulce y cautivadora, hasta ahora desconocida, me susurró al oído y me convenció de que nada podía salir mal. Y a partir de ahí comencé a crear el guión de mi propia historia.

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