KAIXO, qué tal !!

No pretendo darte una etapa ciclista llana y larga (de esas de siesta) sobre mi vida pero sí al menos un sprint de cómo he llegado hasta aquí.

 

Me trajeron al mundo un 20 de junio de 1974, en Vitoria-Gasteiz. Siempre fui un chaval inquieto, competitivo, de temperamento fuerte y mal perder (aunque esto lo he ido corrigiendo a lo largo de los años). Me considero un payaso cotidiano y aprovecho cualquier ocasión para arrancar una sonrisa sea donde sea; en el supermercado, en el paso de peatones, en el trabajo o incluso a la funcionaria de hacienda, por intentarlo que no quede.

 

Estudié ingeniería en informática porque me dijeron que era el futuro, aunque el deporte siempre ha sido mi pasión. Eso me ha llevado a practicar muchos deportes, pero fue la bicicleta la que un día me atrapó. Era la era Induráin cuando me compraron mi primera bicicleta de carretera y como muchos, caí en las redes del romanticismo ciclista.

 

Tras trece años dedicados a la informática algo se despertó en mi interior que clamaba cambiar de vida. ¿Pero a qué? Tenían razón en cuanto a que la informática era el futuro, pero no el mío. Ante esta gran duda, decidí salir a dar una vuelta para despejarme y respirar aire fresco y no se me ocurrió mejor manera que hacerlo en bicicleta. De ahí surgió el proyecto «una vuelta y pa’casa», que consistió en recorrer España por la costa durante unos tres meses y medio. Cuando acabé el viaje, desintoxicado del ruido mental, tome la decisión de vivir la vida en bicicleta.

 

Desde entonces la bicicleta me mantiene activo, vivo y en forma. Encontré en la bici-mensajería la manera de vivir pedaleando, un sueño cumplido que ha durado seis años, del cual he aprendido que si deseas algo con fuerza y pasión, el Universo te lo envía. Como dice el dicho, “cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”.

 

Para mi la bicicleta es uno de esos inventos que Dios envió al mundo para hacerlo un poquito mejor y para que la vida de las personas fuera menos monótona y aburrida. Al menos así me lo demuestran las experiencias que llevo acumuladas. Para mí la vida en bicicleta lleva mayúsculas y pulso cardíaco.

bicimensajero en olot

bicimensajero en olot

 

Ahora, transcurridos seis años de pedaleo urbano repartiendo cartas y paquetes por las calles de Barcelona y Olot, la ciudad se ha hecho pequeña. Vuelvo a sentir esa vocecita que me dice, ¡qué! ¿damos una vuelta?. Vale, pero esta vez un poco más larga. Seguramente la experiencia más vital y más intensa de mi vida. Estoy acojonado pero feliz. Loco por seguir viviendo en bicicleta.

 

Nos vemos ahí fuera, o dentro, depende cómo lo mires.

Raül.