Reflexión: ¿soy el protagonista de mi realidad?

soy el protagonista de mi realidad

Reflexión: ¿soy el protagonista de mi realidad?

¿Hasta qué punto soy el protagonista de mi realidad?

Realmente, ¿soy yo el protagonista de mi realidad y el director de mi propia película? O solo soy un actor secundario que interpreta un guion que ni siquiera ha escrito. A continuación te cuento algunas reflexiones para responder a estas preguntas tan filosóficas que a uno le surgen cuando uno viaja como un nómada en bicicleta.

Mucho se habla de la magia de creer. De que uno crea lo que cree. De que esa magia existe y siempre ha existido. Ahora incluso se ha demostrado científicamente, eso que tantos sabios ya enseñaban hace siglos. También existe la película documental de Rhonda Byrne  “El Secreto” que habla precisamente de esto, y el libro de la misma autora, traducido a más de cincuenta idiomas. Te lo recomiendo si te interesa profundizar un poco más.

Desafortunadamente pocos hacen caso de esta magia al alcance de todos. Tal vez porque no se enseña en ninguna escuela, tal vez porque el sistema se encarga de distraernos con otras creencias, tal vez porque incluso sabiéndolo, no acabas de creértelo del todo.

Protagonista de mi realidad: poniéndolo en práctica

Un año antes de arrancar mi Vuelta al mundo en bicicleta, dibujé en una cartulina todo eso que quería. Fui bastante preciso. Una fecha. Un sol. Mi cara sonriente. La bicicleta, tal como la imaginaba, incluso con detalles específicos: sillín Brooks y cubiertas Schwalbe. Colgué esa cartulina en la pared de mi apartamento de treinta y cinco metros cuadrados. La veía al levantarme por la mañana mientras se hacía el café y mientras realizaba estiramientos después de una jornada de reparto en bicicleta.

A la noche, antes de quedarme dormido, justo en ese minuto que la vigilia concede antes de entrar en sueño profundo, proyectaba en mi mente, todos los días la misma película. Me veía encima de la bicicleta, agarrando el manillar de mariposa, sonriente, pedaleando por un camino de tierra de horizonte infinito, sintiendo el roce del aire en la cara. Y así, feliz, soñaba.

En noviembre del 2019 me encontraba en Turquía, saliendo de un pueblito llamado Zara, que nada tenía que ver con la marca de ropa, por un camino de tierra que subía en ligera pendiente. Al llegar arriba el camino continuaba en llano para después bajar de nuevo. Justo arriba me tuve parar. Aquella película que tantas veces había proyectado en mis sueños, se estrenaba con absoluta precisión. Quizás ya se había emitido también en el resto de países que llevaba visitados, pero fui consciente justo en aquel instante de la exactitud del guion.

Cuando uno se da cuenta de la responsabilidad que tiene

Hay otras películas en que uno no es el protagonista de la realidad pero quiere participar.
Tuve una experiencia muy intensa, una película de suspense, en la que no era el actor protagonista. Invertí muchas horas. Fue cuando mi padre estuvo al borde de la muerte. Lo visité en el hospital varias veces. A parte de los ánimos que le pude dar, pensé que sería bueno aplicar la magia y rodar un cortometraje de realidad en varios capítulos.

En el primer capítulo visualizaba a mi padre caminando por el hospital con esa bata azul típica de hospital, ya sabes, de esas en las que vas asomando el trasero. Realmente este capítulo costó mucho porque mi padre había perdido toda la musculatura y por tanto toda la movilidad. Cuando ese capitulo se estrenó con éxito, es decir, que mi padre ya asomaba el trasero por detrás de la bata, empecé con el guion del segundo capítulo. En éste imaginaba a mi padre en casa. Sentado en su silla de la cocina, leyendo el periódico y resolviendo sudokus.

Cuando hablo de imaginar, hablo de proyectar. Lo hacía en cada momento del día en que se presentaba una pausa. A lo mejor solo contaba con un minuto, lo que tardaba el semáforo en cambiar a verde. Se trata de hacerlo con intensidad y desde el corazón. Y eso, todos los días.

El estreno de la película

Cuando mi película se estrenó casi después de un año, pensé que el cortometraje debía finalizar por todo lo alto. Y en el tercer capítulo mi padre aparecía paseando por Vitoria con su palo para caminatas, y tomándonos juntos un vino en la terraza del bar Calipso. Él no lo sabe, pero el día del estreno, lloré.

En esta trilogía mi padre fue el protagonista, un actor de Óscar, un guerrero con una fuerza vital envidiable. Y ni que decir del resto del reparto: mis hermanos, mi madre y tantos actores adjuntos, que interpretaron su papel a la perfección. Un peliculón del que siempre me gusta creer que la magia de los guionistas ayudó a que tanto el protagonista como los actores y actrices se lucieran.

Todos somos protagonistas de nuestra realidad

Hasta aquí estos ejemplos personales de cómo utilizar este poder que la Naturaleza nos ha dado. Ya sé que muchas personas que siguen el blog prefieren que cuente anécdotas y aventuras de mi viaje en bicicleta. Pero me parecía obligatorio compartir estas experiencias de las que uno es más consciente cuando elimina el ruido mental. Esta magia que existe y que muchos ya practicamos, también la tienes tú. Pruébala. No la desperdicies. Tú decides.

Gracias por leerme.
Desde 2019  por el Mundo en Bicicleta
Raúl Alzola, biciruling

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